lunes, 14 de mayo de 2018

JULIA, de Ana María Moix


Julia es la primera novela de Ana María Moix, publicada en el año 1970 y en la que podemos observar el estilo y las temáticas recurrentes en la producción de la autora.

Primera edición de Julia

La obra comienza una noche de insomnio en la que Julia, la protagonista, recuerda su pasado, ofreciendo una narración en tercera persona que resulta ser una evocación de toda su infancia dentro del marco de esta noche de desvelo. Desde el comienzo de la novela encontramos pasajes oníricos y referencias a pesadillas basadas en miedos totalmente infantiles, que manifiestan una diferencia entre realidad e inconsciente, entre mundo exterior e interior, que será clave en el desarrollo de la obra.
Julia es una chica de 20 años que pertenece a una familia de la burguesía de Barcelona. Julita vive en una casa de un barrio barcelonés junto a sus padres, sus dos hermanos mayores, su abuela materna y el servicio, que es con quien más tiempo pasaba en su infancia. Así, los primeros recuerdos de la niña están marcados por la ausencia de una madre a la que admira y de la que desea continuamente atención. La necesidad de cariño materno lleva a Julita a sentir celos de su hermano enfermo o, incluso, a la somatización, ya que llega a sufrir vómitos cada vez que ve la oportunidad de estar con su madre en vez de ir al colegio. Sin embargo, este sentimiento de amor evolucionará, primero hacia la indiferencia y, después, al odio. 

Ante la necesidad de centrarse en el cuidado de Rafael, el hermano enfermo, y los problemas matrimoniales de sus padres, Julita es mandada a los 5 años a la casa en la montaña de su abuelo paterno, Don Julio, al que apenas conoce. La protagonista sufre así el primero de sus “destierros”. Mientras la casa de Julita funciona como una representación de la burguesía catalana, a la que Ana María Moix perteneció y que tanto detestaba, con la figura del abuelo aparece en la obra el otro punto de vista de la sociedad de la época. Este funciona como contraposición de la abuela Lucía, quien lo describe como “un ateo, Dios mío, un anarquista, peor aún que si hubiera sido comunista” (Moix, 86) y lo acusa de asesino al recordar los acontecimientos de la Semana Trágica de Barcelona. Sin embargo, la influencia de Julio es esencial para la evolución de la niña, ya que le inculca la idea del derecho a la libertad del individuo como único principio verdadero, sembrando la mentalidad que hará a Julita rebelarse contra las imposiciones de su familia. Por otro lado, podemos observar que la forma en que don Julio trata a su hija, la tía Elena, es autoritaria y misógina en muchos aspectos, pero con Julia actúa diferente, mimándola e impartiéndole clases.
 
Julia vive en la casa de campo dos veces y  regresa a la casa materna otras dos, sufriendo con esto varios destierros, tanto a nivel físico como emocional, que marcarán la inestabilidad y la falta de seguridad de su vida.  El retorno a Barcelona supone un gran choque entre Julita y el mundo que la rodea. A pesar de los conocimientos que ha adquirido, la vuelta a la escuela es dura y marcada por la marginación de sus compañeros a causa de su comportamiento, que la abuela describe como salvajismo. Así, el regreso a casa supone una vuelta a unas normas en las que Julia no encaja y que le hacen sentirse como extranjera en su propia casa, incrementando, cada vez más, su sensación de exilio interior.


Por tanto, observamos que Julia es una novela sobre el crecimiento personal de una joven que no se siente a gusto con la vida que lleva ni con el proceso de maduración que va rememorando en sus recuerdos. El tema de la infancia, recurrente en la obra de Ana María Moix, está presente continuamente y sobre él se vertebra la angustia vital de la protagonista que, finalmente, entiende que toda su vida ha pasado como un recuerdo, como algo extraño, desde que dejó de ser Julita y pasó a ser Julia, enfrentándose desamparada a una realidad adulta que no le satisface. 

Observamos, también, cómo la historia refleja no sólo la ruptura de Julia con su entorno, sino la ruptura cultural propia de la España de posguerra. Una de las características personales de Ana María Moix y que se encuentra proyectada en su producción literaria es su gran conciencia y compromiso político. Hay en la obra una denuncia sociopolítica constante encubierta en los comentarios y en la construcción de los personajes, lo que facilita que sus obras superen la censura. Las abundantes alusiones al contexto social y la incomodidad de la protagonista con las normas que se ve obligada a acatar nos muestran una dualidad que simboliza la de los vencidos y vencedores de la Guerra Civil. Así, la casa familiar es un microcosmos burgués que refleja la ideología de los vencedores, cuyo máximo exponente es la abuela Lucía, quien impone un sistema a seguir fundamentado en la religión y el sexismo. Como ejemplo, encontramos el hecho de que la abuela se enfade al descubrir que sus nietos leen a Sartre por ser una lectura contraria a la religiosidad, pero, sobre todo, por el hecho de que su Julita también lea, dado que las mujeres no necesitan saber tantas cosas como los hombres. Además, hay un miedo constante al “escándalo”, muy relacionado al antiguo concepto de la honra, que controla todas las acciones de los miembros de la casa: inicialmente los padres continúan casados y viviendo bajo el mismo techo aunque no tengan relación, la abuela no deja que Julita tenga amistad con chicos, quieren que Rafa y ella ignoren las manifestaciones…
Foto de Ana María Moix en la contraportada de la 1ª edición.
Por otro lado, encontramos el contrapunto en la figura de Don Julio, quien pertenece de manera directa al bando de los vencidos durante la guerra, tras la cual se aisló en la casa de campo. El abuelo muere, pero podemos asociar su figura a la de Eva, amiga suya y profesora de Julia en la universidad. Eva tiene una ideología que difiere de la dominante y vemos cómo ayuda a Julia cuando esta es golpeada por la policía durante los disturbios universitarios de Mayo del 68. Además, Eva la encubre ante su familia y, al igual que la época en que convivió con el abuelo, la protagonista se siente en paz cuando pasa tiempo con ella y trabaja en su casa: “Julia recordaba aquellos días como la época más apacible de su vida” (Moix, 203).



Finalmente, encontramos otro tema propio de la autora y planteado de manera encubierta: la homosexualidad femenina. Observamos que Julia está mucho más cómoda con las muestras de cariño físicas de mujeres que de hombres, aunque esto puede achacarse a una búsqueda de amor materno de la protagonista, que ante la ausencia emocional de su madre, disfruta del afecto de todas las mujeres que muestran interés por su estado físico y psicológico: la criada, su tía Elena, la directora Mabel… Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre estas y Eva, ya que sus descripciones son constantes y están cargadas de sensualidad, llegando a describir su sentimiento como “la extraña pasión que sentía por Eva” (Moix, 29). Esto resulta relevante ya que la protagonista no muestra deseo carnal a lo largo de la obra y rechaza y siente asco ante el contacto con jóvenes como Carlos, con el que no quiere que Eva le vea para que no pueda pensar que son novios. Sin embargo, las únicas alusiones a la pasión en la historia son referentes a Eva y es tras el rechazo telefónico de esta cuando Julia toma la decisión de intentar suicidarse.

En conclusión, esta es una novela sobre el crecimiento emocional de la protagonista, plagada de intimismo y de referencias autobiográficas de la autora: la familia burguesa, Barcelona, la muerte del hermano, la pasión por la literatura... El punto de vista en tercera persona unido al fluir de los recuerdos más íntimos funciona como una muestra del desdoblamiento de la protagonista con ella misma. Así, Julia nos presenta este desdoblamiento del yo, marcado completamente por la infancia, además del desdoblamiento y la ruptura de la sociedad en la que, tanto la protagonista como Ana María Moix, han crecido.

Bibliografía
-          Moix, A.M. (1999). Julia. Barcelona. Editorial Muchnik.
-          CHACEL, Rosa, y MOIX, Ana María. (1998). De mar a mar: epistolario, ed. Ana Rodríguez Fischer, Barcelona, Ediciones Península.
-          Mayock, Ellen. (2003). Enajenación y retórica exílica en Julia de Ana María Moix. Ciberletras. Dialnet. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=793919 Última consulta: 14/05/2018.

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