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martes, 15 de mayo de 2018

Ana María Moix y la literatura. Conclusión.




Ana María Moix comenzó a escribir a los 12 años y fue su hermano, Terenci Moix, quien la introdujo y transmitió la pasión por el mundo del cine y la literatura. Cuando comenzó sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona Moix o la nena, como la llamaban, ya se encontraba activa en el panorama poético y ganaría popularidad, como hemos visto, con la publicación de Nueve novísimos poetas españoles (1968). 
Sin embargo, la escritora catalana no sólo cultivó la poesía sino también la narrativa, tanto novela como cuentos, y colaboró con numerosos artículos en la prensa escrita. También ejerció como crítica literaria en distintas publicaciones culturales y su obra ensayística, en castellano y en catalán, es de gran relevancia. 


La primera novela que publica Ana María Moix es Julia (1970), obra ya analizada en la anterior entrada, donde el tiempo, la juventud y los límites son pilares fundamentales. En 1973 publica Walter, ¿por qué te fuiste?, una obra que sigue el mismo esquema del universo infantil, tan recurrente en la obra de la autora, y también trata el tema de la sexualidad y su despertar, e incluye referencias a la homosexualidad en un ambiente represor marcado por la dicotomía de los vencedores y vencidos en la posguerra, lo que hizo que esta obra resultara muy innovadora y polémica en su época. 

Además de las dos novelas y sus poemarios, este periodo de su vida fue el más prolífico y publicó también Ese chico pelirrojo a quien veo cada día (1971), un libro de relatos y La maravillosa colina de las edades primitivas (1973), obra con la que se inicia en la literatura infantil. Además de su estilo propio y su gran capacidad imaginativa, se encuentran rasgos propios del surrealismo en varios de los relatos que hacen que la historia desemboque en un final disparatado y que plantee un plano de reflexión sobre la realidad y la angustia, o no, de existir.

Posteriormente, la escritora se dedicó al mundo de la edición y dejó de publicar su propia ficción durante casi una década. En numerosas ocasiones, la autora manifestó su crítica al best-sellerismo¹ y convencida de que “los libros cuestan demasiados árboles”² como para publicar cualquier cosa, no aparecerá nada nuevo de la autora hasta la publicación de la obra de literatura infantil Los robots. Las penas en 1982 y Las virtudes peligrosas, su segundo libro de cuentos que fue ganador del Premio Ciudad de Barcelona en 1985. Después, publicó otra novela, Vals negro, y dos recopilaciones de relatos: Miguelón (1986), que es una versión infantil de El cantar del Mio Cid, y La niebla y otros relatos (1988). 




A partir de todo lo analizado sobre esta autora, podemos observar que Ana María Moix tiene un estilo literario propio marcado por algunas innovaciones respecto a la literatura anterior pero, sobre todo, porque con sus palabras, sumadas a su capacidad imaginativa, busca presentar la realidad del modo en que ella la percibe, por lo que centra el hecho artístico en la creación y representación de diversas realidades. Así, encontramos en la obra narrativa de Moix una serie de motivos temáticos que permanecen a lo largo de toda su carrera como la ya mencionada infancia o la rebeldía. 


La vida de Ana María Moix guarda relación con su literatura y esta pretende una búsqueda de sí misma dentro, como la Julia de su primera novela, de los límites que le impone la sociedad y los valores tradicionales que dominan su familia. Esta autora fue una mujer entre dos generaciones, perteneciente a un grupo que vivió los últimos años de la dictadura franquista y que cargaba con el recuerdo de una guerra que no vivió y que, por otro lado, expresó la esperanza y rebeldía de un cambio, cambio al que Ana María Moix también aporta su grano de arena mediante su labor literaria. Como hemos visto, la escritora se mantiene activa en la lucha por los derechos a lo largo de toda su vida y obra. Ejemplo de esto es su ya mencionada labor en la revista Vindicación feminista, que irrumpe en un país que ha heredado el discurso de décadas del régimen autoritario que había acallado a las mujeres en la sociedad. Con el paso del tiempo, se acrecentó su sentido transgresor y crítico con la situación de España y del mundo y esto se ve en la publicación de su última obra, Manifiesto personal (2011), mezcla de estilos que surge de las conversaciones de la escritora con los vecinos de su barrio de Barcelona y que es una reflexión sobre la evolución del panorama económico, laboral y, sobre todo, una crítica a la situación social y al empobrecimiento de los valores y la vida humana. 
Ana María Moix en su juventud, junto a Ana María Matute y Esther Tusquets.

Siempre crítica, también en su labor en los demás géneros y como articulista, la obra de la escritora no es muy abundante porque, como dice, eso de tener que publicar cada año un libro para mantener un nombre es uno de los peajes que paga la cultura de hoy en día, un mundo cultural que se ha entregado de forma brutal a las leyes del mercado². Sin embargo, la vida de la escritora catalana siempre estuvo alrededor de los libros. Única mujer entre los poetas novísimos, Ana María Moix se mantuvo activa en un panorama literario en el que empezaban a ocupar un hueco muchas mujeres, autoras que podemos encontrar en este blog, que compartieron con ella la pasión por la escritura, la lucha social y, en muchas ocasiones, la vida. Ejemplo de esto es su amistad con Esther Tusquets o Rosa Chacel, con la que mantuvo una abundante correspondencia que recoge en el epistolario De mar a mar. Nunca se casó ni tuvo hijos y el trabajo de editora y crítica le permitió dedicarse a la creación literaria sólo cuando era movida por la inspiración. Así, encontramos a Ana María Moix, entre tantas otras autoras, a la que he elegido para recordar y dejar constancia de su obra ya que, aunque fuera una de las antologadas como novísimos y realizara una gran aportación literaria y editorial, resulta más complejo acceder a la obra de esta autora y encontramos menos estudios que de sus coetáneos literarios a pesar de que, como vemos, la vida de Ana María Moix ha sido una vida dedicada a la literatura, tanto a su creación como a su disfrute, ya que fue una fiera lectora.





Bibliografía

1- De Villena, Luis Antonio. (8 de noviembre de 2002). Desaparicions i triomf. El periódico. Recuperado de: http://www.xtec.cat/~jducros/Ana%20Maria%20Moix.html. Última consulta: 15/05/2018.
2- Intxausti, Aurora. (26 de septiembre de 2002). Ana. M. Moix reedita toda su obra narrativa. El país. Recuperado de: https://elpais.com/diario/2002/09/26/cultura/1032991208_850215.html. Última consulta: 15/05/2018.
- Riaño, Peio. H. (1 de marzo de 2014). Adiós a Ana María Moix, 'la novísima'. El confidencial. Recuperado de: https://www.elconfidencial.com/cultura/2014-03-01/adios-a-ana-maria-moix-la-novisima_95603/. Última consulta: 15/05/2018.
- Moix, A.M. (1973). Walter, ¿por qué te fuiste?, Barcelona, Barral.
- Moix, A.M. (1995). Ese chico pelirrojo a quien veo cada día, Barcelona, Lumen.
- Chacel, R., & Moix, A. M. (1998). De mar a mar: epistolario Rosa Chacel-Ana María Moix. Barcelona. Edicions Península 62.
- Moix, A.M. (2011). Manifiesto personal. Ediciones B.

lunes, 14 de mayo de 2018

JULIA, de Ana María Moix


Julia es la primera novela de Ana María Moix, publicada en el año 1970 y en la que podemos observar el estilo y las temáticas recurrentes en la producción de la autora.

Primera edición de Julia

La obra comienza una noche de insomnio en la que Julia, la protagonista, recuerda su pasado, ofreciendo una narración en tercera persona que resulta ser una evocación de toda su infancia dentro del marco de esta noche de desvelo. Desde el comienzo de la novela encontramos pasajes oníricos y referencias a pesadillas basadas en miedos totalmente infantiles, que manifiestan una diferencia entre realidad e inconsciente, entre mundo exterior e interior, que será clave en el desarrollo de la obra.
Julia es una chica de 20 años que pertenece a una familia de la burguesía de Barcelona. Julita vive en una casa de un barrio barcelonés junto a sus padres, sus dos hermanos mayores, su abuela materna y el servicio, que es con quien más tiempo pasaba en su infancia. Así, los primeros recuerdos de la niña están marcados por la ausencia de una madre a la que admira y de la que desea continuamente atención. La necesidad de cariño materno lleva a Julita a sentir celos de su hermano enfermo o, incluso, a la somatización, ya que llega a sufrir vómitos cada vez que ve la oportunidad de estar con su madre en vez de ir al colegio. Sin embargo, este sentimiento de amor evolucionará, primero hacia la indiferencia y, después, al odio. 

Ante la necesidad de centrarse en el cuidado de Rafael, el hermano enfermo, y los problemas matrimoniales de sus padres, Julita es mandada a los 5 años a la casa en la montaña de su abuelo paterno, Don Julio, al que apenas conoce. La protagonista sufre así el primero de sus “destierros”. Mientras la casa de Julita funciona como una representación de la burguesía catalana, a la que Ana María Moix perteneció y que tanto detestaba, con la figura del abuelo aparece en la obra el otro punto de vista de la sociedad de la época. Este funciona como contraposición de la abuela Lucía, quien lo describe como “un ateo, Dios mío, un anarquista, peor aún que si hubiera sido comunista” (Moix, 86) y lo acusa de asesino al recordar los acontecimientos de la Semana Trágica de Barcelona. Sin embargo, la influencia de Julio es esencial para la evolución de la niña, ya que le inculca la idea del derecho a la libertad del individuo como único principio verdadero, sembrando la mentalidad que hará a Julita rebelarse contra las imposiciones de su familia. Por otro lado, podemos observar que la forma en que don Julio trata a su hija, la tía Elena, es autoritaria y misógina en muchos aspectos, pero con Julia actúa diferente, mimándola e impartiéndole clases.
 
Julia vive en la casa de campo dos veces y  regresa a la casa materna otras dos, sufriendo con esto varios destierros, tanto a nivel físico como emocional, que marcarán la inestabilidad y la falta de seguridad de su vida.  El retorno a Barcelona supone un gran choque entre Julita y el mundo que la rodea. A pesar de los conocimientos que ha adquirido, la vuelta a la escuela es dura y marcada por la marginación de sus compañeros a causa de su comportamiento, que la abuela describe como salvajismo. Así, el regreso a casa supone una vuelta a unas normas en las que Julia no encaja y que le hacen sentirse como extranjera en su propia casa, incrementando, cada vez más, su sensación de exilio interior.


Por tanto, observamos que Julia es una novela sobre el crecimiento personal de una joven que no se siente a gusto con la vida que lleva ni con el proceso de maduración que va rememorando en sus recuerdos. El tema de la infancia, recurrente en la obra de Ana María Moix, está presente continuamente y sobre él se vertebra la angustia vital de la protagonista que, finalmente, entiende que toda su vida ha pasado como un recuerdo, como algo extraño, desde que dejó de ser Julita y pasó a ser Julia, enfrentándose desamparada a una realidad adulta que no le satisface. 

Observamos, también, cómo la historia refleja no sólo la ruptura de Julia con su entorno, sino la ruptura cultural propia de la España de posguerra. Una de las características personales de Ana María Moix y que se encuentra proyectada en su producción literaria es su gran conciencia y compromiso político. Hay en la obra una denuncia sociopolítica constante encubierta en los comentarios y en la construcción de los personajes, lo que facilita que sus obras superen la censura. Las abundantes alusiones al contexto social y la incomodidad de la protagonista con las normas que se ve obligada a acatar nos muestran una dualidad que simboliza la de los vencidos y vencedores de la Guerra Civil. Así, la casa familiar es un microcosmos burgués que refleja la ideología de los vencedores, cuyo máximo exponente es la abuela Lucía, quien impone un sistema a seguir fundamentado en la religión y el sexismo. Como ejemplo, encontramos el hecho de que la abuela se enfade al descubrir que sus nietos leen a Sartre por ser una lectura contraria a la religiosidad, pero, sobre todo, por el hecho de que su Julita también lea, dado que las mujeres no necesitan saber tantas cosas como los hombres. Además, hay un miedo constante al “escándalo”, muy relacionado al antiguo concepto de la honra, que controla todas las acciones de los miembros de la casa: inicialmente los padres continúan casados y viviendo bajo el mismo techo aunque no tengan relación, la abuela no deja que Julita tenga amistad con chicos, quieren que Rafa y ella ignoren las manifestaciones…
Foto de Ana María Moix en la contraportada de la 1ª edición.
Por otro lado, encontramos el contrapunto en la figura de Don Julio, quien pertenece de manera directa al bando de los vencidos durante la guerra, tras la cual se aisló en la casa de campo. El abuelo muere, pero podemos asociar su figura a la de Eva, amiga suya y profesora de Julia en la universidad. Eva tiene una ideología que difiere de la dominante y vemos cómo ayuda a Julia cuando esta es golpeada por la policía durante los disturbios universitarios de Mayo del 68. Además, Eva la encubre ante su familia y, al igual que la época en que convivió con el abuelo, la protagonista se siente en paz cuando pasa tiempo con ella y trabaja en su casa: “Julia recordaba aquellos días como la época más apacible de su vida” (Moix, 203).



Finalmente, encontramos otro tema propio de la autora y planteado de manera encubierta: la homosexualidad femenina. Observamos que Julia está mucho más cómoda con las muestras de cariño físicas de mujeres que de hombres, aunque esto puede achacarse a una búsqueda de amor materno de la protagonista, que ante la ausencia emocional de su madre, disfruta del afecto de todas las mujeres que muestran interés por su estado físico y psicológico: la criada, su tía Elena, la directora Mabel… Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre estas y Eva, ya que sus descripciones son constantes y están cargadas de sensualidad, llegando a describir su sentimiento como “la extraña pasión que sentía por Eva” (Moix, 29). Esto resulta relevante ya que la protagonista no muestra deseo carnal a lo largo de la obra y rechaza y siente asco ante el contacto con jóvenes como Carlos, con el que no quiere que Eva le vea para que no pueda pensar que son novios. Sin embargo, las únicas alusiones a la pasión en la historia son referentes a Eva y es tras el rechazo telefónico de esta cuando Julia toma la decisión de intentar suicidarse.

En conclusión, esta es una novela sobre el crecimiento emocional de la protagonista, plagada de intimismo y de referencias autobiográficas de la autora: la familia burguesa, Barcelona, la muerte del hermano, la pasión por la literatura... El punto de vista en tercera persona unido al fluir de los recuerdos más íntimos funciona como una muestra del desdoblamiento de la protagonista con ella misma. Así, Julia nos presenta este desdoblamiento del yo, marcado completamente por la infancia, además del desdoblamiento y la ruptura de la sociedad en la que, tanto la protagonista como Ana María Moix, han crecido.

Bibliografía
-          Moix, A.M. (1999). Julia. Barcelona. Editorial Muchnik.
-          CHACEL, Rosa, y MOIX, Ana María. (1998). De mar a mar: epistolario, ed. Ana Rodríguez Fischer, Barcelona, Ediciones Península.
-          Mayock, Ellen. (2003). Enajenación y retórica exílica en Julia de Ana María Moix. Ciberletras. Dialnet. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=793919 Última consulta: 14/05/2018.

LA POESÍA DE ANA MARÍA MOIX



La obra poética de Ana María Moix es breve y está escrita casi íntegramente entre 1968 y 1970, cuando publicó los poemarios Baladas del dulce Jim (1969)Call me stone (1969) y No time for flowers (1971), los cuales se recopilan en 1983 en un volumen titulado A imagen y semejanza.

Una de las características más visibles de la obra de Moix es que se trata, salvo algunas excepciones, de una poesía sin versos o anticolumnaria, como la denomina su compañero de generación Vázquez Montalbán.¹ Sin embargo, no se trata de una prosa corriente sino de una prosa poética que destaca por seguir manteniendo cierto ritmo con la ayuda de recursos como la rima fácil. Esto lo podemos observar ya desde su primera obra:

Un hombre triste su barco: Alegre, ése fue Jim. Dulce conmigo, mas no risueño; qué corazón.

Jim en el parque, y sin sombrero. Ay dios, qué miedo si es un matón. Ay dios qué pena, si un día parte como llegó.


Tiene los ojos rojos y on the sea mira como un traidor. ¿Serás payaso?, dije, y sobre el césped se revolcó. Y eso que no soy niña que con desconocidos antes hablara yo.


Cortaste lirios en las praderas y a Johnny mataste en Nueva York. Fue por amor: bailaba en Broadway Nancy Flor.


Ah, Dulce Jim qué consuelo cuando los adolescentes se enamoran y de esquina en esquina les nace en el pecho un corazón.

Dulce Jim vendrá mañana
y nos trae la ilusión.

Un amor tiene cualquiera
pero Dulce Jim, no.

(Moix, A. M. (1969). Fragmento de Un hombre triste su barco… Baladas del dulce Jim. Ediciones Saturno.)


Baladas del dulce Jim es su primera obra y en ella combina elementos de carácter más tradicional con la novedad que caracteriza a su joven generación. Así, encontramos elementos del romanticismo ya desde la presencia en el título de la idea de las baladas. Además, otras sugerencias románticas que podemos observar son la evocación de paisajes nocturnos o el monólogo dramático, así como la aparición de escritores como el poeta romántico Bécquer. La presencia de autores clásicos de la literatura se mezcla con otros personajes históricos, como el propio Che Guevara (Eran dos sombras para siempre enamoradas: Bécquer y Ché Guevara), y ficticios, sobre todo pertenecientes al mundo cinematográfico. Esta obra es una muestra del culturalismo del momento dado que la literatura se alimenta directamente de los mass-media, sobre todo de la música pop, el cine americano o el cómic. Además, en la experimentación formal encontramos el collage, que intercala fragmentos de canciones, y recursos heredados del cine, como la elipsis cinematográfica. De esta manera, Baladas del dulce Jim es una obra de lenguaje sencillo, cargada de referencias culturales pertenecientes a la cultura de los nuevos medios de masas: nombres de protagonistas, películas, canciones… Es una novedosa poesía moderna que, dentro de la sensibilidad de la autora, presenta un nuevo imaginario de referencias juveniles y urbanas.

En su segundo poemario, Call me Stone (1969), se afianza esta poética moderna marcada, entre otras,  por una influencia del pop que observamos ya en el título en inglés de la obra.

Por último, es de gran relevancia No time for flowers, poemario publicado en 1971 y donde destaca,
sobre las obras anteriores, un  estilo conversacional que da importancia a la emotividad sobre la razón lógica, lo que lleva al uso de elementos que pueden recordar a la escritura automática y al fluir de la conversación: el desorden del lenguaje cotidiano, las elipsis, falta de puntuación, espacios en blanco como silencios… Por tanto, podemos afirmar que esta obra recoge una serie de elementos novedosos con los que se busca intensificar el carácter cercano y conversacional de su poesía, cada vez más marcada por el intimismo:

“Cuando yo muera amado mío no cantes para mí canciones tristes, olvida falsedades del pasado, recuerda que fueran solo sueños que tuviste. Hubo un palacio de quimeras en mi rostro.    Eso fui.     Mi epitafio preferido sería que mañana, cuando la tierra cubra ese cuerpo dolorido que es el mío, tú anduvieras desangrándote por calles y plazuelas, diciendo mi nombre, no en voz baja, que se apaga tan sólo con el ruido de los pasos, no con palabras encendidas, ya dijimos que se venden, no con ojos enrojecidos por las lágrimas, que quizá no serían para mí.”

(Moix. A.M.(1971). Fragmento de No time for flowers y otras historias. Lumen.)

Con todo esto, observamos que la poética de Ana María Moix se considera una poesía renovadora de los años 70 porque supone, si no una ruptura tajante, un gran cambio con toda la poesía anterior. En lugar del lenguaje realista de la poesía social, Moix busca con su poesía reflejar su propio mundo y entender la realidad a partir de nuevas imágenes y de la priorización del hecho poético sobre el realismo, aunque no por ello prescinde de hacer referencias a la situación social con un tono nuevo y cargado de ironía:

“Ay madre, ya soy como la España; ni chicha ni limoná, loquita del corazón y dura como la caña.”









BIBLIOGRAFÍA

1.- Vázquez Montalbán, Manuel. Prólogo a la edición de 1969 en Moix, Ana María. A imagen y semejanza. Lumen Barcelona 1984; p13.
Moix. A.M.(1971). No time for flowers y otras historias. Lumen.
- Moix, A. M. (1969). Baladas del dulce Jim. Ediciones Saturno.
- Universidad de Zaragoza. Secretariado de Actividades Culturales. (1987-88). Poesía en el campus: revista de poesía. Universidad de Zaragoza.



martes, 8 de mayo de 2018

Ana María Moix y los novísimos


Ana María Moix (Barcelona, 1947) comienza a escribir en una España que inicia su crecimiento económico, la maduración política e ideológica y la progresiva implantación de la democracia tras los duros años de dictadura franquista. Este es un periodo rico también para la cultura, ya que recibe apoyo desde las instituciones, como la implantación de numerosos premios por parte de las nuevas Comunidades Autónomas.

En este contexto, se produce un auge de las antologías (tanto en cantidad como en importancia) ya que son una vía fundamental para la recepción de las obras de los nuevos poetas. Sin duda, destaca Nueve novísimos poetas españoles, antología de José María Castellet de 1970. En ella participan: Pedro Gimferrer,  Manuel Vázquez Montalbán, Guillermo Carnero, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Vicente Molina Foix, Leopoldo María Panero y Ana María Moix, la única mujer incluída en este grupo y la poeta que aquí nos ocupa. Estos nueve escritores tienen en común haber nacido entre 1939 y 1947 (por lo que no tienen recuerdos propios del enfrentamiento bélico) y haber participado de la renovación artística del panorama literario español.

Durante la década de los 50, la literatura comenzó a centrarse en el realismo social ante la necesidad de mostrar la situación cotidiana de una sociedad destrozada por la Guerra Civil y, asimismo, funcionar como denuncia de la situación. Esta corriente siguió siendo la imperante en los años siguientes dado que los poetas entendían un valor ético en su obra y defendían el papel de la poesía como instrumento. Así, el realismo social dominó el panorama literario y no fue hasta finales de la década de los 60 cuando se hizo notorio un cambio. José María Castellet recoge a estos nueve autores porque, a pesar de sus numerosas diferencias estilísticas, son un grupo significativo que coincide en haber producido una ruptura con todo el clima poético anterior. Los novísimos también han recibido el nombre de generación del lenguaje por su afán de superar el tono realista y reivindicativo de la poesía social e interesarse por el propio lenguaje y su capacidad para representar y construir nuevas realidades.

De esta manera, aunque haya existido la polémica de si los novísimos son un grupo generacional o simplemente un grupo intelectual, así como el debate sobre si se trata de una ruptura o una superación de la poesía social hegemónica, podríamos enumerar una serie de rasgos que resultan comunes y novedosos en los nueve novísimos:
  •    La subjetividad: se trata de una poesía individual, alejada de la realidad social.
  •    La experimentación formal
  •   La metapoesía: encontramos abundante reflexión sobre la creación poética en sí misma.
  •  El culturalismo: consiste en la agrupación de numerosos referentes culturales en los textos y es una de las características más representativas. Así, la cultura nutre el mundo literario y forma parte del imaginario poético, en vez de funcionar únicamente como adorno. Esta nueva poesía se encuentra marcada por el mundo en el que están creciendo los nuevos autores, inspirados en los fenómenos culturales que llegan del extranjero, el auge de los mass-media o el cosmopolitismo. Todo esto nos muestra que este fue un cambio protagonizado por las nuevas formas de vida y artísticas de la juventud del momento.

Josep María Castellet rodeado de autores. Ana María Moix a su derecha.

La poética de Ana María Moix es muy personal e individual, pero encontramos en ella el resultado de las influencias de su generación y de sus lecturas, desde obras filosóficas y clásicos literarios hasta el ambiente de la ciudad condal con la influencia de su hermano, Terenci Moix, o su coetáneo Pere Gimferrer. Tras todo lo mencionado, observamos que su poesía posee algunas de las características que agrupan a los poetas novísimos. En primer lugar, la subjetividad es indudable en la poesía de Ana María Moix, caracterizada por ser profundamente visceral, intensificado esto por la sencillez lingüística y estilística de la autora para reflejar sentimientos o ideas. La experimentación formal la observamos en técnicas como el collage, muy usada por sus compañeros de antología y consistente en intercalar en los textos propios otros textos que pueden llegar a ser completamente ajenos al mundo literario. Por ejemplo, es frecuente la intercalación de fragmentos de canciones, títulos de películas y nombres de personajes, argumentos del cine americano... Por tanto, observamos aquí que la experimentación se mezcla con el culturalismo y predomina la influencia de los medios de comunicación.

Los novísimos 30 años después de la publicación de la antología.
Por último, cabe destacar que esta particular personalidad literaria es remarcada ya por Castellet en el prólogo de Nueve novísimos poetas españoles, donde diferencia a Ana María Moix, Vázquez Montalbán y José María Álvarez del resto de los antologados por conseguir revalorizar los materiales no-poéticos y conseguir «una poesía que arranca de la cultura popular y no es una asunción aristocratizante de los mitos populares».





Bibliografía

- Castellet, J. M. (2001). Nueve novísimos poetas españoles. Península. Barcelona.
- Izquierdo, J. M. (2001). Narradores españoles novísimos de los años noventa. REVISTA DE ESTUDIOS HISPANICOS-ALABAMA THEN ST LOUIS.
 - Olivio Jiménez, J. (1970). Insula: vigencia y balance de "Nueve novísimos poetas españoles". WaybackMachine. Recuperado de: https://web.archive.org/web/20070823075637/http://www.insula.es/Articulos/INSULA%20652.htm. Última consulta: 13/05/2018.

domingo, 22 de abril de 2018

Biografía de Ana María Moix




Ana María Moix nació el 12 de abril de 1947 en Barcelona, donde se crió en el barrio del Raval. Perteneció a una conocida familia burguesa de mentalidad conservadora, lo que choca con sus ideales y de la que ella misma habla en una carta a su amiga y también escritora, Rosa Chacel, de la siguiente manera: “Mi familia pertenece al repelente rango de la pequeña burguesía catalana”. 
Además, Ana es la hermana menor de Terenci Moix (1942-2003), quien también fue un conocido escritor muy crítico con los valores de la época franquista y la educación religiosa, así como polémico por sus reflexiones sobre la catalanidad y su declarada homosexualidad. 

Ana María Moix con su hermano, Terenci Moix

Ana María Moix estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona y estuvo desde entonces activa en el panorama poético del momento. Sin embargo, ganó popularidad tras ser incluida en Nueve novísimos poetas españoles, antología poética publicada en 1968 por José María Castellet en la que reunía a nueve artistas con poéticas diversas considerados como los más renovadores de la década. 

Los años siguientes a esta publicación supusieron una vertiginosa entrada de la escritora en el mundo literario ya que de 1969 a 1973, publicó tres poemarios -Baladas del dulce Jim (1969), Call me stone (1969) y No time for flowers y otras historias (1971)-, dos novelas -Julia (1970) y Walter ¿por qué te fuiste? (1973)- y un libro de relatos -Ese chico pelirrojo a quien veo cada día (1971)-, además de iniciarse también en la literatura infantil con La maravillosa colina de las edades primitivas (1973). 
Además de poeta, novelista y cuentista, la autora se dedicó también al periodismo, la traducción y la edición, por lo que también cabe destacar la recopilación de sus artículos en Veinticuatro por veinticuatro y sus primeras traducciones, sobre todo del francés. En su labor periodística destacan sus publicaciones en TeleXprés en esta década de los 70, donde compartía conversaciones con los autores más conocidos del boom latinoamericano como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o José Donoso.
Tras esta prolífica etapa, publicó un cuento de ficción infantil llamado Los robots. Las penas en 1982 y su segundo libro de relatos Las virtudes peligrosas, que fue ganador del Premio Ciudad de Barcelona en 1985. Tras esto, volvió a la escritura de novelas y relatos que siguió publicando hasta el año 2002 para centrarse, posteriormente, en su labor como directora de la Editorial Bruguera. 

Cabe destacar, además, su participación en el equipo de la publicación Vindicación Feminista, una revista fundada por las escritoras Carmen Alcaide y Lidia Falcón en 1976, tras la muerte de Franco, y que siguió vigente hasta 1979. A pesar de su corta existencia, Vindicación feminista publicó regularmente, llegando a sumar 30 números en los que se buscaba propiciar el debate y denuncia del papel de la mujer en la sociedad, así como funcionar de coordinadora de las diferentes organizaciones de mujeres existentes. La revista se presentó como una revista autónoma y plural al servicio de todo el movimiento feminista y se centraba en un análisis de la actualidad que le llevó en varias ocasiones a sufrir la censura de la Ley de Prensa todavía vigente entonces. Ana María Moix era la encargada de la sección Nena, no t'enfilis, que criticaba irónicamente los valores de la familia tradicional.


Aquí podéis encontrar un documental sobre la historia de Vindicación Feminista, de Susana Koska.


En 2011 publicó Manifiesto personal, una mezcla de reportaje y ensayo sociológico donde es crítica con la actualidad y reflexiona sobre temas como el sistema político y económico. 

Finalmente, tras una vida activa en las letras y crítica en todo momento con el panorama en el que vive, Ana María Moix falleció en Barcelona en el año 2014 a los 66 años, víctima de un cáncer. 







Bibliografía y webgrafía


- Chacel, R., & Moix, A. M. (1998). De mar a mar: epistolario Rosa Chacel-Ana María Moix (Vol. 22). Edicions Península 62.

- Masoliver Ródenas, J.A. (2001). Nueve novísimos poetas españoles, de Jose María Castellet. Letras libres. Recuperado de https://web.archive.org/web/20070823075637/http://www.insula.es/Articulos/INSULA%20652.htm

- Vindicación feminista. (2016). Viquipèdia. Recuperado de: https://ca.wikipedia.org/wiki/Vindicaci%C3%B3n_Feminista#cite_note-3. Última consulta: 10/05/2018.