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martes, 15 de mayo de 2018

Conclusión sobre Elena Quiroga


CONCLUSIÓN SOBRE ELENA QUIROGA


Mediante este estudio sobre Elena Quiroga, hemos tenido el lujo de ver otra figura femenina de la literatura española de posguerra. Como ya sabemos, pertenece a la generación de los niños de la guerra. Cuando estalla la Guerra Civil en 1936, Elena Quiroga tiene ya quince años. Vive también la posguerra con la dictadura franquista y sus obras serán un reflejo de lo que ocurre en ese duro momento.
La autora ganó el Premio Nadal con su obra Viento del Norte (1951) a sus treinta años. El ser galardonada con un premio de este calibre dice mucho de su relevancia literaria. Su pasión por la literatura comenzó desde muy joven, escribiendo su primera novela con veintiocho años y, desde ese momento, nunca abandonó el mundo de la escritura. Tal era su dominio en las letras, que fue reconocida y valorada por otros escritores y lingüistas de su época, llegando a ser miembro de la RAE en 1984 por recomendación de Rafael Lapesa, Carmen Conde y Gonzalo Torrente Ballester.  




Fue una mujer que abogó por la igualdad de género y la innovación literaria. Sus obras van dedicadas a temas como la desigualdad de género, la educación en una España patriarcal, el peligro de la religión mal enfocada o el machismo. La mayoría de sus protagonistas son mujeres que rompen con el canon social establecido. Es una literatura de denuncia social. Destaca en sus obras la crudeza con la que describe los hechos, no esconde ningún tema y lo explica de manera realista. Para Quiroga, no hay nada censurable en la literatura, todo lo que existe, tanto lo bueno como lo malo, debe estar escrito.

Como conclusión, y tras haber leído y analizado algunos de los aspectos más relevantes de Elena Quiroga, puedo decir que fue una gran escritora, ya no solo por su reconocimiento, sino también por los valores que transmitía en sus novelas. Una mujer con una clara posición feminista que se caracterizó por ser valiente y apelar por la libertad en cada una de sus publicaciones. Y, como dice el título de nuestro blog, Elena Quiroga tomó la palabra y la difundió.



BIBLIOGRAFÍA

Cacho, L. R. (2009). Manual de Historia de la Literatura Española. 2. Siglos XVIII al XX: [hasta 1975]. Castalia. (pp. 429).
País, Ediciones El (4 de octubre de 1995). «La escritora Elena Quiroga muere a los 74 años». EL PAÍS. [Consultado el 2 de mayo de 2018].
Redondo, A. (1993). Relatos de novelistas españolas (1939-1969). (pp. 105-164).

Riddel, M. D. C. (1988). La escritura femenina en la postguerra española: análisis de novelas escogidas de Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Elena Quiroga (Doctoral dissertation, The Ohio State University).
Zovko, M. (2011). Educación femenina y masculina a través de la narrativa de Elena Quiroga. Itinerarios: revista de estudios lingüisticos, literarios, históricos y antropológicos, (12), 223-238.

lunes, 14 de mayo de 2018

La novela que llevó a la fama a Elena Quiroga VIENTO DEL NORTE


La novela que llevó a la fama a Elena Quiroga

Viento del Norte



Elena Quiroga es la autora de la novela Viento del Norte (1951) con la que gana el Premio Nadal ese mismo año. Tras Carmen Laforet, fue la segunda mujer en recibir el galardón.
La obra comienza con el nacimiento de Marcela en La Sagreira, un pazo gallego cerca de Santa María. Su madre se llama Matuxa, una de las criadas de Álvaro. Matuxa tiene la popularidad de ser hechicera, además ya es una mujer mayor, y Marcela nace fruto de una relación indeseada. Ya desde el comienzo, Matuxa intenta ahogar a su hija, pero Juan, otro joven criado, la detiene. Ermitas, la ama de llaves de La Sagreira, ya de elevada edad, acepta hacerse cargo de la pequeña. De la madre de Marcela ya no se vuelve a saber nada, más adelante hay rumores de que ha fallecido.
Álvaro es el amo de La Sagreira, un hombre sensible y honrado de unos treinta años. La infancia de Marcela se desarrolla en la casa señorial de Álvaro, que vive con ella desde que nace. Es una joven independiente, con fuerza, pero a la vez se muestra con timidez. La pequeña se ha criado en La Sagreira, pero siempre ha sido tildada de ser una hija ilegítima y hechizada, y todas las criadas como Rosalía, Dolores y Herminia la rechazan. A pesar de que Juan, el hombre que se encargaba de los animales en el pazo, salvó a Marcela el día de su nacimiento, siente un gran odio hacia ella. Todo se explica porque Juan estaba enamorado de Matuxa, la madre de Marcela, y pensar que había tenido una hija con otro hombre le hacía rechazarla y acusarla de estar maldita. Como vemos, desde que nace, sufre el repudio de todos, menos de Álvaro y Ermitas, que siempre la han acompañado y cuidado.
La protagonista va creciendo y Álvaro ya no la ve como a una niña, sino que aparece en él un deseo sexual más allá de la amistad. Álvaro se da cuenta de que está perdidamente enamorado de aquella joven. Marcela decide aceptar la relación y casarse con él, a pesar de ser treinta años más joven que su marido. Su relación está basada en la pura estrategia, ya que ama su Galicia rural y todo lo que le rodea y si quiere permanecer allí, debe casarse. Durante su matrimonio, forman una familia y tienen a su pequeño “Alvariño”.
La figura de Ermitas me recuerda un ápice a la de La Celestina de Fernando de Rojas, esa relación entre la Celestina y Melibea me parece un precedente de la situación entre Ermitas y Marcela. Ermitas cumple la función de madre, pero también de Celestina.
En la obra aparece otra familia, Don Enrique, doña Lucía y sus hijos Jorge, Miguel, Dorila, Tula, Ángela, Manuela y Lucía. Son los tíos y primos de Álvaro, que viven en el pazo Cora. Don Enrique es un hombre cruel, mientras que doña Lucía es una mujer dulce, pero a su vez luchadora. Cada uno de los primos tiene una historia distinta, por ejemplo, a Jorge le encanta vivir en el pazo, sin embargo Miguel quiere independizarse y casarse con Saruca, pero no se atreve sin antes pedir a sus padres la aprobación. Dorila se traslada a vivir a Cuba, Tula es una mujer enferma con la que Álvaro pasa horas a su cuidado, ya que valora su gusto por la literatura como él, con el paso del tiempo, la joven muere. Ángela y Manuela toman el camino de Dios y se convierten en monjas. Y Lucía, la pequeña, es un apoyo para Marcela, pero cae enferma, aunque luego se recupera y se casa con su médico Joaquín.
Como en toda tragedia amorosa, el destino que les espera a la pareja es el de la muerte, en este caso  la de él. Además, Quiroga narra la muerte de Álvaro de forma magistral. Durante toda su vida había estado escribiendo un libro por el que tenía pasión. En el momento en que ese libro se quemara, Álvaro habría muerto. Y así culmina la obra:

“«Quiero a este libro más que a mi vida.» Fué cosa de un segundo: «Si el libro arde es que Álvaro ha muerto.» Fué más que un pálpito, una seguridad, fría y cortante. Como si no fuera ella quien moviese sus propios miembros, se volvió hacia la butaca. Vió la blanca cabeza caída sobre el pecho, y la mano izquierda colgando cerca de la mesita, volcada sobre el fuego. Debió empujarla en el último estertor. Abatido el laurel. Marcela gritó.” (p.231)

Escena de la película Viento del Norte de Momplet

Quiero destacar el buen prólogo que escribe Lourdes Ortiz en la obra. Señala la riqueza que tiene leer una obra de la posguerra en la actualidad. Ortiz fue de la época de Quiroga, los niños de los cincuenta, y desconfiaban de la literatura española porque había una gran censura, por lo que estaban interesados por la literatura extranjera. Compara a Marcela con Catalina Earnshaw, la protagonista de Cumbres Borrascosas (1847) de Emily Jane Brontë. Catalina también es una mujer fuerte, rebelde, un personaje femenino que rompe con los cánones establecidos. Esta novela también fue creada por una joven como Quiroga. Creo que también se puede comparar con Andrea de Nada, otra chica valiente e independiente que protagoniza la obra.
Como publiqué en la anterior entrada a este blog, Quiroga denuncia el machismo y la preparación de la mujer a una vida esclava con el único fin del matrimonio y el cuidado de los hijos. En Viento el Norte vemos cómo, incluso una mujer, tiene el pensamiento corrompido de la España franquista respecto a la subordinación femenina, me refiero a las palabras de doña Lucía: 


“A mis hijas las educo yo. Como unas señoritas, Enrique” (p.27). “¿Solteras? No tal, Enrique, que no se hicieron las mujeres para solteras, y luego se vuelven amargadas, y se llenan de manías. No quiero hijas solteras” (p.56). 

El mundo que viven en el pazo es cerrado, lúgubre, y por ello me recuerda mucho a la ambientación de La casa de Bernarda Alba de Lorca, en la que también se condensaban todas las pasiones en un mismo lugar al mando de Bernarda que oprimía la libertad de sus hijas, en especial la de Adela, otra joven protagonista con ansias de libertad.
También aparecen los triángulos amorosos, por ejemplo, Don Francisco, el juez, se enamora de Marcela cuando ya está casada con Álvaro y se pregunta:

“Don Francisco no podía menos de imaginársela, entregada a un viejo, satisfaciendo a un viejo. Porque, para la soberbia de sus veintiocho años, Álvaro era un viejo ya. Había observado que el matrimonio apenas se hablaba. ¿Por qué y cómo casó Álvaro con Marcela? Cada vez lo comprendía menos.” (p.209).

Se dan situaciones entre el juez y Marcela donde se la dignifica por su valentía:

“Instintivamente se vuelve hacia el juez, y desde su asombro siente unas manos ardientes en su talle, y precipitada, hambrienta, una boca sobre ella. Se levanta, le empuja. La boca se aplasta contra su garganta. Marcela lo rechaza. Con un desplante de hembra, forzuda y aldeana, lo rechaza con fuerza tal que don Francisco se tambalea. Asqueada se lleva la mano a la garganta. La verdad cuesta en adentrársele. «Me ha besado. Me ha besado…»” (p.229).

En Viento del Norte también se dan las claves sobre cómo tiene o no tiene que ser un hombre de provecho, con palabras como las de Don Enrique, tío de Álvaro:

“El hombre que no gusta de la caza y las mujeres por la madrugada, y del vino a todas horas, es hombre a medias” (p. 27).

Las mujeres también tendrán una cierta predilección hacia hombres rudos, valientes, fuertes y varoniles. Álvaro, el rico terrateniente, aparece como un personaje delicado, sentimental, creyente, franco, pensativo y observador. Todas estas características le restan de ser un hombre seductor. Según su tío Enrique, Álvaro era un hombre a medias. En el final de la obra, cuando está ya en sus últimos momentos, Álvaro se arrepiente de no haberle enseñado 'las labores de los hombres a su hijo', hasta ese punto llega la presión de la sociedad, que también era difícil para ellos:

“¡Lástima! Hubiese gustado de enseñar al hijo cómo se caza, porque hoy cundía el afeminamiento hasta en eso… Sonrió. Con los años iba volviéndose como el tío Enrique; a él también, de rapaz, el tío Enrique le decía que se cazaba mejor en los tiempos suyos.”  (p.201)

Formalmente, es una novela ligeramente complicada ya que alude a términos que son difíciles de entender porque en sus diálogos mezcla el castellano con el gallego. Esta riqueza léxica y de imágenes rurales solo pueden darse en una autora con origen gallego que quiere mostrar su tierra natal en estado puro.


BIBLIOGRAFÍA
Quiroga, E. (1951). Viento del Norte. Premio Eugenio Nadal 1950. Ediciones Destino.
Zovko, M. (2011). Educación femenina y masculina a través de la narrativa de Elena Quiroga. Itinerarios: revista de estudios lingüísticos, literarios, históricos y antropológicos, (12), 223-238.

(La novela está disponible en formato digital en Lectulandia. Adjunto su enlace: https://librosparaelmundo.files.wordpress.com/2018/03/viento-del-norte-elena-quiroga.pdf )

domingo, 13 de mayo de 2018

Comentario de la obra: Trayecto uno de Elena Quiroga


COMENTARIO DE LA OBRA


 Trayecto uno





de Elena Quiroga



Se trata de un pequeño relato que publicó Elena Quiroga en 1953 con el título Trayecto uno, en La novela del sábado, una colección de unos 100 relatos cortos que se publicaron desde 1953 a 1955. Entre las autoras que formaron parte de esta colección destacan Ana María Matute, Carmen Laforet, Elena Quiroga, Mercedes Ballesteros, Dolores Medio o Elisabeth Mulder.


La obra nos sitúa en el autobús de la línea 1 de Madrid, de ahí su título. Quiroga cuenta las breves historias de las personas que ve la protagonista, Anuncia, durante su trayecto en el autobús siguiendo el orden de las entradas y salidas de los pasajeros. De nuevo, Quiroga utiliza un personaje femenino como protagonista. Anuncia presenta a cada viajero con una frase, pero poco a poco vamos sabiendo más sobre sus vidas. Anuncia, durante su viaje, está leyendo La voz a ti debida, es decir, está leyendo a Pedro Salinas, es una estudiante de filología.

Comienza por el primer personaje, el conductor Domingo, según Anuncia “el hombre sin cara”. Hasta el final de la obra no sabemos la historia del conductor, un hombre humilde que está enfermo y necesita todo el dinero que trae a casa para poder hacer frente a su enfermedad. Además de preocuparse por su joven hija y los hombres que la siguen con malas intenciones.

Sigue con distintos personajes como Blas, el cobrador; el señor 'de siempre' que es sordo y siempre se sienta en el mismo sitio del autobús, por lo que sabemos que Anuncia también frecuenta esta línea. El guayabo, es decir, un joven guapo con pelo lustroso que va al Callao donde ha quedado con Lupita.
Aparece la primera mujer, a parte de Anuncia, una chica con cofia que lleva un bebé. Se sabe que el pequeño sufre de tuberculosis y necesita medicación, y va a un parque llamado Rosales donde el pequeño pueda respirar aire fresco. 

Luego suben un grupo de colegialas con faldas negras, son alumnas del Sagrado Corazón. Aquí aparece el tema de la educación recibida de las madres a las hijas, hecho que denuncia Quiroga. Por ejemplo, la censura de los libros ‘prohibidos’ en las familias, donde era considerado un pecado leer una serie de obras con temática amorosa como en el caso de Tere “Salió y se llevó la mano a la frente. Mamá la había golpeado…Sentía que había pecado, pero no supo en qué. ¿Pecado por el libro? ¿Con el libro? El libro creció dentro de ella, se convirtió en un amor secreto” […] Papá le dio a leer Platero y yo. No le gustaba mucho, pero no se atrevió a decirlo, porque papá lo trataba con reverencia.” (p.120).

También sube al autobús un obrero, que según describe Anuncia, lleva la ropa salpicada de cal blanca. En este personaje se nos narra el tema del maltrato a la mujer. El vicio también está representado, ya que bebe y juega su dinero en lotería. “¡Que te apartes o te doy una patada! […] La mujer con dos patadas se despanzurraba” (p.126).

Los siguientes en subir son un matrimonio compuesto por una mujer, vestida con un abrigo de piel, y su marido, al que no se le veía tras ella. Después una mujer rubia llamada Agustina que va a visitar a la cárcel a su marido Fermín, encarcelado por robo de dinero. Aparece también un chico que lleva unas flores y un señor con una cartera ostentosa, que aparece como un listo.

Margot, una mujer joven que iba llamado la atención con su cuerpo esbelto y un abrigo de gran cuello. Entre mujeres hay un gran machismo, ya que hay una escena de celos de la mujer del matrimonio porque su marido se fija en la joven. “va impropia para un autobús […] Va llamando la atención. A saber, quién será. No parece una señora decente.” (p.131) Y, por último, Fernando y Lina que van a visitar un piso para una futura compra.

Detrás de cada personaje, Quiroga encuentra un tema de denuncia social. Como ya he señalado, alguno de estos temas son el maltrato, el alcoholismo, el machismo, la juventud coaccionada o la censura. En esta obra, la autora innova desmontando a cada personaje y nos hace ver que cada uno esconde una historia distinta que, a lo mejor, a primera vista no imaginamos, por ejemplo, vemos a un obrero que vuelve de su faena e incluso nos da lástima su aspecto, pero detrás de él se encuentra la historia de un hombre maltratador. Abre los ojos a los lectores y nos da un toque de cruda realidad.



BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA
Redondo, A. (1993). Relatos de novelistas españolas (1939-1969). (pp. 105-164).
Escritoras.com (2015) “La novela del sábado”: https://escritoras.com/articulos/los-libros-de-la-novela-del-sabado-y-las-escritoras/. [Consulta 12 de mayo de 2018].

sábado, 12 de mayo de 2018

CRÍTICA A LOS BUENOS MODALES Y LA PREPARACIÓN PARA LA VIDA SENTIMENTAL DE LA MUJER EN ELENA QUIROGA



CRÍTICA A LOS BUENOS MODALES Y LA PREPARACIÓN PARA LA VIDA SENTIMENTAL DE LA MUJER

 ELENA QUIROGA

Educación femenina y masculina a través de la narrativa de Elena Quiroga

De Maja Zovko



LOS BUENOS MODALES EN LA MUJER

Unas de las características más importantes en la mujer de posguerra eran la moderación y la modestia. Llega hasta tal punto que había manuales de cómo ser una mujer de bien, por ejemplo, Carmen Werner señala: “también hay que evitar que al andar se balanceen demasiado las caderas. Naturalmente, las piernas deben moverse, pero evitando ese movimiento de balanceos, que tan ordinario resulta” (Casero 2000: 47).
Elena Quiroga en La soledad sonora donde denuncia la opresiva educación femenina. Zovko añade este fragmento de la obra como ejemplo:

Demostrar las propias emociones, sentir el entusiasmo de las ideas, ser vehemente y espontáneo, tampoco era de “buen tono”. Una muchacha que se respeta debía atrincherarse tras un muro de distinguida diferencia, no se deja arrastrar por nada ni por nadie: no hacían concesiones al corazón. […] No se permitían debilidades ni locuras. El exceso de imaginación era una vulgaridad, y dejarse llevar por fantasía y el anhelo de libertad una forma de histerismo. (1949: 21-22)

Mujeres lavando ropa en un río
En Tristura la figura de la tía Concha es la más estricta intentando educar a su sobrina Tadea, por ejemplo: 
“Se anda despacio. Buenos modales […] No se puede andar así exhibiéndose. Pudor. Pudor, pudor” (Quiroga 1984: 23) “No levantes la voz, no somos sordos. Articula, que la abuela no te oye” (23). “Hay que saber callar” (93) “Tápate las rodillas. No cruces las piernas. Las piernas juntas” (23). Además, la relación entre niños y niñas también es algo tabú y está considerado como libertinaje.


PREPARACIÓN PARA LA VIDA SENTIMENTAL FEMENINA: 
PUREZA Y PUDOR

La educación de hombre y mujeres no era la misma, y, por lo tanto, la religión enseñada a niños era distinta de la de las niñas. Había unas virtudes fundamentales para la mujer: la pureza y el pudor. Quiroga en Tristura, Tadea es educada en los valores femeninos en defensa de su pureza. Como es de esperar, los niños tenían otras virtudes. Martín Gaite en Usos amorosos de la postguerra española cuenta que los hombres que llegaban vírgenes al matrimonio eran considerados extraños y con un futuro negativo. Estaba mal visto que los hombres llegaran castos al matrimonio. Era una educación antitética, las mujeres debían ser pasivas y castas, pero los hombres debían ser activos y tener experiencia. 


Zovko añade que había revistas en las que asesoraban a las chicas para buscar a un hombre con experiencia. Propone este ejemplo de la revista Medina en la sección “Consúltame”:

El hombre nunca ha vivido lo bastante antes de casarse…, ni la mujer tiene por qué investigar en lo que no puede ya haber la menor intervención… El hombre —no lo olvides— es siempre, en igualdad de fechas e inscripciones en el Registro Civil, mucho más joven que la mujer. Por eso, para que su espíritu se vaya sedimentando, conviene cogerlos “un poquito cansados”. (Martín Gaite 2003: 101)

En la educación de las mujeres la finalidad de todo era contraer matrimonio en un futuro y ser madre. Incluso, hay revistas como Revista para la mujer (1942) con títulos como este: “El arte de pescar marido”:
La mujer que quiere jugar limpio, sin engaños, sin trucos, pisando el mismo terreno masculino de sinceridad y buena fe es demasiado valiente. Corre el inmenso riesgo de que no la entiendan, de que no la aprecien y de lo que es peor: de aburrir muchísimo. […] Así, pues, nada de desanimarse. No hay que olvidar que todo hombre es conquistable. Basta con desearlo por encima de todas las cosas. Y no importa si el hombre termina por casarse, aunque sólo sea para que le dejen en paz. (Revista para la mujer 1942: s. p.)

La soledad sonora muestra a Teresa, hermana de Elisa, se las ingenia para poder conseguir un marido adinerado gracias a su sabiduría mediante el coqueteo y la indiferencia, es decir, dando muestras de cariño, pero a la vez poniéndolo celoso con otros hombres. Toma el matrimonio como un cálculo, un negocio, que se consigue con una serie de reglas.
En Escribo tu nombre aparece Odón, el niño que lloraba ante la dureza de su padre, ya en su edad adulta. Se convierte en una figura similar a la de su padre, llega a decir que ay dos grupos de mujeres: las mujeres para divertirse y las mujeres para casarse. Mantiene que las mujeres son discapacitadas intelectualmente. Todo esto es la consecuencia de la educación que había recibido desde niño, desde los golpes, amenazas y castigos de su padre.
En la novelística quiroguiana se critica la situación de desigualdad que se vivía hasta hace poco tiempo. Lo consigue especialmente en Tristura y en Escribo tu nombre.

CONCLUSIÓN DEL ESTUDIO
Elena Quiroga critica la educación recibida y sus consecuencias sociales mediante los protagonistas de sus obras. Comienza presentando a los personajes desde la infancia para ver los estragos que acarrean una educación basada en la desigualdad y mostrar en qué se convierten los personajes cuando son adultos. También denuncia la educación subordinada de las mujeres en todos los aspectos, y apela por la independencia femenina, la fuerza y la valentía para cambiar los cánones establecidos. Hace testimonio de lo que ella vivió, con algunas de sus novelas de manera autobiográfica, y se atreve a alzar la voz en contra de una educación sexista y conservadora.




BIBLIOGRAFÍA
Riddel, M. D. C. (1988). La escritura femenina en la postguerra española: análisis de novelas escogidas de Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Elena Quiroga (Doctoral dissertation, The Ohio State University).
Zovko, M. (2011). Educación femenina y masculina a través de la narrativa de Elena Quiroga. Itinerarios: revista de estudios lingüísticos, literarios, históricos y antropológicos, (12), 223-238.


CRÍTICA A LA RELIGIÓN Y LA EDUCACIÓN PASIVA EN LA MUJER- ELENA QUIROGA


CRÍTICA A LA RELIGIÓN Y LA EDUCACIÓN PASIVA EN LA MUJER
ELENA QUIROGA
Educación femenina y masculina a través de la narrativa de Elena Quiroga
De Maja Zovko

Hubo una gran proliferación novelística de mujeres durante la posguerra española. Gracias a ello, tenemos la visión femenina de la sociedad del momento. Elena Quiroga es una de las autoras más relevantes en la producción literaria sobre la desigualdad de géneros desde el ámbito familiar a su reflejo en la sociedad. Zovko analiza la visión feminista de Quiroga en temas como la educación religiosa de la mujer, los ‘buenos modales’ transmitidos de generación en generación y la preparación a la vida en matrimonio.
A pesar de que la novelística de Elena Quiroga fue galardonada con premios y traducida a muchos idiomas, actualmente hay mucha diferencia entre la popularidad de otras autoras como Ana María Matute, Carmen Martín Gaite o Carmen Laforet, con la de Quiroga, la cual a penas es conocida hoy. En su momento fue un ejemplo de innovación y creatividad en la psicología de sus personajes.
Zovko, en este estudio se centra en el tema de la educación en la obra de Quiroga. Hay que recordar que se encontraban en la época de posguerra, liderada por el franquismo y donde la educación estaba integrada en valores conservadores. La autora cuestiona las bases de la educación tradicional mediante los estragos psicológicos que dejaba la educación obtenida en los personajes de su obra.
Problemática educativa en la novela femenina de posguerra:
Las novelas de posguerra que mencionaban temas sobre la problemática educativa eran llamadas como Bildungsromane, nombrando valores que debían tener las mujeres como la sumisión, la pureza, la delicadeza, el sacrificio y la entrega a los demás.
En Nada de Carmen Laforet, comenzó un auge de las narraciones femeninas españolas. La trama de las novelas femeninas se suele protagonizar por una “chica rara” así la denominó Martín Gaite, una imagen de mujer distinta a la conservadora, como puede ser Andrea en Nada.
La educación masculina no está definida en las obras, sin embargo, se ve la diferencia entre la situación del hombre respecto de la mujer, en las novelas abundan los personajes femeninos y esbozan los masculinos. Zovko resume la temática de las novelistas en estos ejes en las mujeres: educación pasiva, religiosidad, preparación sentimental, buenos modales y cuidado del aspecto físico, y la preparación para las labores del hogar. Mientras que en los hombres: educación activa, independencia, falta de preparación sentimental, fuerza del carácter y decisión, y la preparación para una profesión. Sobre todo, es Elena Quiroga quien analiza exhaustivamente estas bases educativas y formativas de la España franquista.

LA RELIGIÓN EN LA MUJER

Quiroga tuvo gran productividad durante el primer período franquista, en la que menciona la subordinación de la mujer con respecto al hombre. En la obra de Quiroga, hay gran preocupación por el tradicionalismo y la educación conservadora, ve la religión como un instrumento injusto para la enseñanza. Según la autora, la religión se podría definir como oscuridad, sacrificio o dolor.
En su obra Tristura (1960), una autobiografía intimista en la figura de Tadea, muestra la educación religiosa a base de rezos repetitivos, es decir, ‘la letra con sangre entra’. Esta formación se ve amenazada por el espejo, un objeto peligroso y dañino.
El espejo es un elemento de autodescubrimiento de la personalidad dejando de lado los valores proporcionados por el patriarcado. En La soledad sonora (1948), con protagonista Elisa, se le prohíbe mirarse al espejo, no se le permite desarrollarse libremente, hay una opresión educativa notable. Se enseña una educación a base del miedo como señala Zovko en las palabras de Tristura de Concha a Tadea:
Estas haciendo llorar a la Virgen. No hay hombres del saco ni ladrones ni tonterías.
A nadie le importa lo que piensas. Pudor. No pongas esa cara. A nadie le importa…
Que la abuela no se entere, le sube la tensión, se puede morir. Tu serás responsable
si le pasa algo a tu abuela. Cristo ha muerto por ti. Mírale bien la sangre, las llagas,
la herida del costado, la corona, tú se lo estás haciendo, a cada instante. Para ver a tu
madre, ganar el cielo. (Quiroga 1984: 24)
Quiroga denuncia todos estos métodos educativos que oprimen y promueven el temor. Una educación en la que la mujer esta anulada intelectual y emocionalmente, es decir, no deben opinar, entender ni cuestionar nada de la religión. Según la religión, las personas somos imperfectas y culpables de nuestros actos. En el caso de la educación religiosa masculina, no era tan exigente. Además, Zovko señala que en La sangre (1952), la autora dice estas palabras: “Las mujeres dicen “Dios” elevando los ojos, los hombres lo dicen de frente” (Quiroga 1971: 64). Las mujeres están unidad sí o sí a la religión, mientras que los hombres pueden ser independientes.
Quiroga hace muchas más alusiones a la fe femenina y masculina en su producción novelística, ya que las exigencias sociales de la religión para las mujeres eran muy duras.

EDUCACIÓN PASIVA EN LA MUJER

En la España de posguerra había grandes diferencias en cómo se educaban a los niños y a las niñas. E incluso, la literatura infantil y juvenil transmitía valores sexistas. Por un lado, por ejemplo, Martín Gaite en Usos amorosos de posguerra española añade que en revistas como Chicas se daban consejos de higiene, comportamiento, cocina, hogar, etc. Por otro lado, los niños leían tebeos donde también había una educación opresiva para ellos, con figuras como héroes con superpoderes que trasmitían obligaciones masculinas como la independencia, fuerza o autoridad.
En Escribo tu nombre, la segunda parte de Tristura (1964) mediante el ejemplo del tío Andrés y su hijo Odón, muestra las duras exigencias que los padres daban a sus hijos para ser ‘hombres de provecho’, era una educación sin sentimientos, a base de golpes. Para un padre era una vergüenza tener a un niño ‘blando’ como hijo. Tadea cuenta cómo su tío era más duro con su hijo que con sus dos hijas, y que nunca había visto una muestra de cariño hacia ninguno de los tres.

En La última corrida (1958) muestra las consecuencias de una enseñanza masculina basada en la fuerza, independencia y dureza. Todos los niños se convierten en hombres machistas. Además, la educación femenina dará fruto a mujeres en la sombra, sumisas al hombre. Según los toreros en la obra, los hombres merecen libertad, y pueden cambiar de mujeres. Zovko señala está intervención de uno de ellos: “no le parecían muy hombres los que andaban siempre vuelta a lo mismo, o penando por ellas, o cargando con ellas. Un hombre es otra cosa. Un hombre necesita algo grande y oscuro, más fuerte que él, más libre” (Quiroga 1994: 76). Quiroga critica esto describiendo al torero como un animal en la misma escala que el toro, por su crueldad y dureza. A pesar de todo, ha sido criticada por describir al torero de una manera algo idealizada, según Alborg. 





BIBLIOGRAFÍA
Riddel, M. D. C. (1988). La escritura femenina en la postguerra española: análisis de novelas escogidas de Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Elena Quiroga (Doctoral dissertation, The Ohio State University).
Zovko, M. (2011). Educación femenina y masculina a través de la narrativa de Elena Quiroga. Itinerarios: revista de estudios lingüísticos, literarios, históricos y antropológicos, (12), 223-238.

martes, 8 de mayo de 2018

ELENA QUIROGA Y DE ABARCA- Trayectoria y obras





ELENA QUIROGA
TRAYECTORIA LITERARIA Y OBRAS
Elena Quiroga fue una novelista española que contribuyó en el resurgimiento de la novela española de los cincuenta y sesenta, al igual que autoras como Carmen Martín Gaite o Ana María Matute. También fueron muy importantes, aunque en su momento no tuvieron tanta fama, escritoras como Carmen Kurtz, Carmen Laforet o Dolores Medio. Escribe obras en prosa y destaca por su papel como narradora. En sus obras muestra una preocupación por las injusticias de la vida, y sus experiencias en la infancia y la adolescencia.
Quiroga fue una escritora innovadora y reconocida de forma unánime por la crítica literaria, tanto nacional como internacional. Muestra una innovación en técnicas novelísticas europeas y norteamericanas que tardarán en llegar a España alrededor de una década. Es una de las voces femeninas más importantes, además aborda temas sobre la Guerra Civil española que hicieron sensibilizar y dar voz al testimonio femenino sobre la situación del país.

Según el director de la RAE, Darío Villanueva Prieto:
«Extraordinariamente original en el panorama de las letras españolas y, sobre todo, dotada de una independencia que, realmente, me deslumbró, porque todos recordamos que, en nuestras letras, en los años 50, en los años 60, en los años 70, había agrupaciones de estilo, de tendencia […], y las novelas se parecían unas a otras como una gota de agua. Cuando surgía una voz independiente, que fluía de manantiales absolutamente propios y genuinos, el resultado era deslumbrante para los lectores». En Martín Municio, A., (2000) Boletín de la Real Academia Española, tomo LXXX (cuaderno CCLXXIX) (p.8)

Su primera novela fue La soledad sonora (1949) está basada en los recuerdos de su adolescencia sobre quienes fueron a Rusia como voluntarios de la División Azul.  

Destaca su obra Viento del Norte (1951), con la que obtuvo el Premio Nadal, por lo que la compararon con Emilia Pardo Bazán. Además, Antonio Momplet la trasladó al cine. Se trata de una experiencia intimista de su infancia y adolescencia. Como ya he señalado, muchas de sus obras están ambientadas en Galicia, y esta es una de ellas. Narra la historia de una relación entre una joven sirvienta y un señor mayor. La obra está escrita con un lenguaje enriquecedor, un esquema claro y unos personajes bien definidos.
Tiene una lista numerosa de novelas durante los años cincuenta. En La sangre (1952) relata la historia vivida durante cuatro generaciones a través de un árbol que va contando lo que observa y escucha. 
Se podría comparar con Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo, en la que también pasan de tres generaciones. En La sangre es un árbol quien que va contando lo que sucede, pero en Buero Vallejo es la escalera la que ve cómo transcurre la vida.

Continúa publicando obras como Trayecto uno (1953) o La otra ciudad (1953). Se da un cambio con Algo pasa en la calle (1954) ya que comienza a usar un estilo más actual, aunque la temática es similar a sus anteriores obras. Los personajes tienen una psicología más complicada. Narra la historia de una separación matrimonial en un espacio urbano. Se podría encuadrar en el tremendismo como La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela o Nada de Carmen Laforet. 


La careta (1954) cuenta la historia de un hombre con una doble cara debido a los traumas vividos en su infancia. La enferma (1955) muestra el fracaso amoroso, esta vez narra la historia de una mujer que se vuelve loca tras el rechazo de su amante. Otras obras son Plácida, la joven y otras narraciones (1956) La última corrida (1958).

Durante los años sesenta, no tuvo una producción literaria tan sumamente extensa como en la anterior década, pero también continuó escribiendo novelas. Tristura (1960) con la que gana el Premio de la Crítica Catalana. Posteriormente, Quiroga renombra esta novela con el título de Secreto de la infancia: Novela de una niña, por lo que es posible que nos encontremos con estos dos títulos para referirse a una misma obra.



Algunas de sus últimas obras serán Carta a Cadaqués (1961), Envío al Faramello (1963), Escribo tu nombre (1965), El pájaro de oro o La otra ciudad. Presente profundo (1973) es la historia de un médico, Rubén, que cuenta la vida de dos mujeres suicidas. Por último, Grandes soledades (1983) y el discurso que ya he señalado anteriormente para su entrada en la RAE Presencia y ausencia de Álvaro Cunqueiro (1984).




BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

Cacho, L. R. (2009). Manual de Historia de la Literatura Española. 2. Siglos XVIII al XX: [hasta 1975]. Castalia. (pp. 429).
Martín Municio, A., (2000) Boletín de la Real Academia Española, tomo LXXX (cuaderno CCLXXIX).
"Elena Quiroga". En: escritoras.com [en línea]. 4 oct 2013. [Consulta: 1 may 2018]. <//escritoras.com/escritoras/Elena-Quiroga>.
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/q/quiroga_elena.htm
MCNBiografias.com. «Quiroga y Abarca, Elena (1921-1995).» Consultado el 2 de mayo de 2018.
País, Ediciones El (4 de octubre de 1995). «La escritora Elena Quiroga muere a los 74 años». EL PAÍS. Consultado el 2 de mayo de 2018.



ELENA QUIROGA DE ABARCA - Biografía



ELENA QUIROGA Y DE ABARCA

BIOGRAFÍA




Elena Quiroga nació en 1919 en Santander. Pasa su infancia en la Casa Grande de Villoria, una localidad de Galicia. Era la penúltima de diecisiete hermanos y quedó huérfana de madre con tan solo dos años. Vivió en el seno de una familia acomodada donde disfrutó de una infancia acompañada de lecturas, sabiduría y educación gracias a la formación académica e intelectual que le proyectó su padre. En su narración, Quiroga plasma la tierra gallega en siete de sus obras ya que su padre era el Conde de San Martín de Quiroga. En esta época era complicada una educación tan elevada siendo mujer, pero Quiroga pudo ser una de las afortunadas. También vivirá gran parte de su infancia en Santander con su familia materna, aunque según plasma en sus obras, Galicia era su lugar predilecto. 

Ya desde su adolescencia comenzó desarrollando su gran sensibilidad por la literatura. Su primera obra la escribió con tan solo veinte años. Fue una autora con una extensa obra narrativa en prosa. Estudió en ciudades como Bilbao, Barcelona y Roma, pero no realizó ningún estudio universitario, sino que asistía como oyente a las clases. Comenzó a formar parte de grupos literarios con sus mismas afinidades, y gracias a ello conoció a Dalmiro de la Válgoma, un historiador que se convertiría en miembro de la Real Academia de la Historia, con quien se casa en 1950. Se trasladará con su marido a Madrid. Vivir en la capital les abrió las puertas para codearse con diferentes círculos literarios y con las principales editoriales españolas y comenzaron a formar parte de los narradores innovadores de la novela española contemporánea de mitades del XX.

En 1950 en Madrid, publica su novela más conocida Viento del Norte con la que gana el Premio Nadal. Fue esencial para el auge de la novela española de los cincuenta y sesenta, además de representar una de las figuras femeninas claves en la literatura.
Es una autora perteneciente a la generación de los niños de la guerra y una de las más relevantes en su época. Sus obras muestran los efectos de la guerra civil y las injusticias de la vida.
En 1983, la Real Academia Española, RAE, le propone ingresar como numeraria tras la vacante del novelista Juan Antonio de Zunzunegui. Al año siguiente, el 8 de abril de 1984, ingresa como componente con el discurso Presencia y ausencia de Álvaro Cunqueiro. Se convierte en la segunda mujer en la RAE, después de la poetisa murciana Carmen Conde en 1978.

Forma parte del sillón con la letra A. Quiroga entra a la RAE por recomendación de Rafael Lapesa, Carmen Conde y Gonzalo Torrente Ballester. Palabras textuales de Rafael Lapesa sobre Quiroga:

«Entra en esta casa, no por ser mujer, ni porque es hermosa, linajuda y distinguida, sino solo por el valor de su obra literaria; y en ella se manifiesta el don de sabiduría como conocimiento del alma humana, sagaz observación de lo significativo, rechazo de la desmesura y dominio del arte de novelar».
«Elena Quiroga llega a la Academia con el precioso bagaje de una producción novelesca extensa y de muy subido valor. Con un arte muy consciente de sí mismo. Con una generosidad humana vertida con preferencia sobre los humildes. Con un dominio del idioma que garantiza su eficacia como colaboradora en los trabajos de la Academia». http://www.rae.es/academicos/elena-quiroga-de-abarca


Domingo Ynduráin fue su sucesor en la RAE, y en su discurso de ingreso nombra las dotes que tenía la escritora:

Ynduráin en El descubrimiento de la Literatura en el Renacimiento Español (p.11): 
«Los rasgos dominantes que caracterizan el arte novelístico de Elena Quiroga: la continuidad de las esencias o cualidades naturales por encima de los esfuerzos por alternarlos; la melancolía por lo que habría podido ser y no fue, que se hace más intensa cuando los personajes llegan al convencimiento de que tales ilusiones en ningún caso se hubieran realizado».  http://www.rae.es/academicos/elena-quiroga-de-abarca

En Pontevedra sufrirá una fractura de cadera y la ingresan en el hospital de A Coruña.  Quiroga fallece por una dolencia hepática el 3 de octubre de 1995 en La Coruña a sus 74 años. Sus restos se encuentran en Villafranca del Bierzo, León, junto a su esposo.








BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA


Cacho, L. R. (2009). Manual de Historia de la Literatura Española. 2. Siglos XVIII al XX: [hasta 1975]. Castalia. (pp. 429).
Martín Municio, A., (2000) Boletín de la Real Academia Española, tomo LXXX (cuaderno CCLXXIX).
"Elena Quiroga". En: escritoras.com [en línea]. 4 oct 2013. [Consulta: 1 may 2018]. <//escritoras.com/escritoras/Elena-Quiroga>.
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/q/quiroga_elena.htm
MCNBiografias.com. «Quiroga y Abarca, Elena (1921-1995).» Consultado el 2 de mayo de 2018.
País, Ediciones El (4 de octubre de 1995). «La escritora Elena Quiroga muere a los 74 años». EL PAÍS. Consultado el 2 de mayo de 2018.